El Mundial no se juega solo en la cancha
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"Somos el puente entre EMPRESA y GOBIERNO"
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Cada cuatro años el mundo se paraliza frente a un balón. Pero detrás de cada partido hay algo mucho más complejo: decisiones públicas, inversiones privadas y una enorme capacidad de coordinación institucional.
El Mundial 2026 no ha sido la excepción. De hecho, para México representa algo todavía más relevante: una prueba de gobernanza.
No es menor que el país vuelva a ser anfitrión de una Copa del Mundo por tercera ocasión, convirtiéndose en el primero en la historia en hacerlo. Además, México alberga 13 partidos en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, incluido el encuentro inaugural en el Estadio Azteca, dentro de la edición más grande del torneo, con 48 selecciones nacionales y 104 partidos distribuidos entre México, Estados Unidos y Canadá.
Tradicionalmente vemos estos eventos como una oportunidad para el turismo, la ocupación hotelera o el consumo. Y sí, todo eso está ocurriendo. La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (CONCANACO) estima una derrama económica de hasta 65 mil millones de pesos a nivel nacional, mientras que la CANACO Ciudad de México calcula beneficios aproximados a los 26 mil millones de pesos únicamente para la capital del país.
Sin embargo, el verdadero legado dependerá de algo menos visible: la capacidad de las instituciones para trabajar juntas y generar confianza.
Porque el Mundial no se juega únicamente en los estadios. Se juega en los aeropuertos, en la movilidad urbana, en la seguridad pública, en la capacidad energética, en la conectividad digital y en la certeza regulatoria que perciben las empresas que hoy evalúan invertir en México.
Incluso durante los primeros días del torneo ya hemos visto cómo las autoridades han tenido que desplegar operativos especiales de movilidad, seguridad y logística en las ciudades sede. Al mismo tiempo, organizaciones sociales han aprovechado la atención mediática internacional para visibilizar distintas demandas públicas. Eso demuestra una realidad que con frecuencia olvidamos: los grandes eventos deportivos son también acontecimientos políticos, económicos y sociales.
Y ahí es donde los asuntos públicos adquieren una dimensión estratégica.
Las empresas que participan del ecosistema económico del Mundial —desde hoteles y restaurantes hasta desarrolladores inmobiliarios, empresas tecnológicas o de logística— no solamente necesitan una buena estrategia comercial. Necesitan entender el entorno regulatorio, anticipar riesgos, construir relaciones institucionales y participar de manera legítima en las conversaciones que definirán el éxito del evento.
El Mundial está siendo observado por millones de personas alrededor del planeta. De acuerdo con estimaciones de la FIFA, la audiencia acumulada del torneo podría superar los 5 mil millones de espectadores a nivel global.
Pero también está siendo observado por inversionistas.
Por empresas globales.
Por potenciales socios comerciales.
Y por quienes evalúan si México es capaz de coordinar esfuerzos, generar confianza y ejecutar proyectos de gran escala.
La competencia más importante no es únicamente deportiva.
Es demostrar que podemos convertir un evento de unas cuantas semanas en una plataforma de desarrollo de largo plazo.
Porque los goles emocionan.
Pero la confianza es la que realmente transforma economías.